Considero el sexo como una forma elevada de conocimiento. Por ello, ayer en la noche quedé con Fernando. No es que me guste demasiado pero tiene el suficiente nivel de morbo para satisfacerme. Además, nunca me juzga y eso es importante cuando has recibido una educación férrea. Fernando tiene 32 años, esta casado, lleva una doble vida y fue mi jefe en una época ya pasada, cuando era más joven y desconocía los placeres del sexo. La casualidad nos regaló un encuentro en un lugar neutral, en una primavera con olores a jazmin y desde entonces somos buenos amantes. Le llamo cuando mi deseo necesita cosas nuevas, colmarse de placeres que para la mayoría serían perversiones esquizofrénicas. Siempre me secunda en estas locuras mias que me liberan y combaten la mediocridad de la vida. Acapara, incluso, dos ventajas sobre todos los demás hombres y mujeres que conozco; una esta casado y se aburre tanto como yo y la segunda oculta una bisexualidad que le tortura. No hay mejores amantes que aquellas personas que tienen algo transcendente que ocultar. Si uno tiene paciencia y dedicación encontrará un paraíso en el que cobijarse.